PALABRAS A MIS LECTORES

YO SOY ASTARTÉ. Y AUNQUE NO HE LLEGADO DE LOS ALTARES CONSTRUIDOS A SU DIOSA POR LOS FENICIOS, LO MISMO ESTOY ENTRE VOSOTROS, EN FORMA DIGITAL, ABRIÉNDOME PASO EN LAS ESQUINAS DEL CYBER-ESPACIO, CON LA FIRME CONVICCIÓN DE PODEROS OFRECER ESTA CASA LLENA DE LUZ PROPIA... PARA VOSOTROS, QUERIDAS Y QUERIDOS LECTORES.

... ES QUE ALGÚN PAJARILLO ME HA CONTADO QUE EN ESTE IR Y VENIR POR EL UNIVERSO INFINITO ENTRAMOS Y SALIMOS (SIN DARNOS CUENTA DE ELLO) POR LOS POROS DE LAS SENSACIONES. PEDIRÍA ENTONCES, SIN DUDAS, QUE LA SATISFACCIÓN DE GOZAR LO QUE SENTIMOS NO NOS ABANDONE NUNCA Y NOS LLEVE DE LA MANO POR EL TRILLO INMENSO DEL PENSAMIENTO MÁS SENSUAL, HASTA TOCAR UNA ESTRELLA: LA NUESTRA.


OS ESPERO, PUES, CON ESTA LINTERNA QUE AHORA VEIS ENTRE MIS MANOS, PARA JUNTOS ILUMINARNOS LA ENTRADA A ESTA HUMILDE MORADA TOTALMENTE HUMANA. OS OFREZCO, MIENTRAS CAMINAMOS, UNA TAZA DE CAFÉ Y UN RAMITO DE HIERBA BUENA... TODO ESTO PARA HACER EL CAMINO MÁS LIVIANO Y LA ENTRADA PLENAMENTE TRIUNFAL.

UN ABRAZO Y... ¡ÁNIMO, CAMPEONES!... QUE SE ENFRÍA EL CAFÉ...

viernes, 21 de septiembre de 2012

Historia de un cuadro de amor pintado a mano alzada.




Por Astarté.
León, España.

Tengo que contarte, vida mía, una historia, tan inverosímil como cierta. Son de esas historias que frisan en el tiempo de las simples leyendas, en las cuales los protagonistas son triángulos, círculos, figuras geométricas en el sentido más amplio de la palabra geometría. Bueno, lo de geo es por aquello de querer siempre imaginar que el contexto tiene algo que ver con la tierra como espacio… Pero digo yo: ¿es que no hay, acaso, rombos en el cielo?... La constelación de Virgo, por ejemplo. Busquemos una mínima información y la veremos allí, opulenta, espléndida, entre Leo y Libra, en perfecto equilibrio: fiereza y misura. Mujer zodiacal que ilumina el cielo de los cultivadores de trigo, cada amanecer, con la obsesión de una estrella denominada Espiga por los campesinos medievales. Claro, queden en su casa los astrónomos, haciendo cuentas con la física cósmica. Yo solamente te quiero contar, amor mío, la historia de un dibujo astral. Fue diseňado a piceladas incompletas por un ángel, pícaro, ebrio como el mejor postor. Está pintado a mano alzada, ya sabes, sin proyecto alguno que le sirviera de modelo. Más o menos, la historia dice así:

En la constelación de Virgo, un buen día, nació un árbol. Y de entre frutas y flores de todas las especies terrestes y celestes un elemento, de extraňa figura, cayó; no por gravedad, claro está. Newton fue un pobre ser humano que no habló de cosas que caen del espacio infinito donde viven los ángeles. Y bien, el raro cuerpo llegó a nuestro oscuro planeta con el sol de abril. Espiga, esa estrella de Virgo, salió por vez primera a gobernar el mundo mineral terrestre. Y un espermatozoide gravitacional germinó, entonces, en el mágico territorio del hierro y de la fertilidad. Y nació el amor. Y en el silencio del alba pasó un ángel y vio la escena. Dicen las malas lenguas que se trataba de un ángel caído, quién sabe de dónde. A veces, ángeles y cuerpos extraňos caen al mismo tiempo y del mismo sitio... El caso es que el ángel, ebrio como estaba, se creyó discípulo de los grandes maestros. Pincel en mano, y sin reparar en los remilgos de príncipes moralistas, inició a pintar un círculo, del cual ideó un cuadrado y luego un triángulo. Era algo así como la refiguración de un ser primario, sin identidad. Brazos, piernas, corazones germinaron pues... Dos caras se unieron en la misma abreviatura de un beso interminable. Y dos cuerpos surgieron de la extraňa figura (¿geométrica?)...

¿Sabes, amor? Los sueňos son extraňos. Casi siempre comienzan como historias y terminan en deseo. Quién sabe si aquel ángel, repleto de locura, quiso pintar un acto de pasión y no supo cómo hacerlo... Quién lo sabe... Pero, ¿qué nos importa? Te amo. Me amas. Y eso es suficiente. Escribamos, entonces, el epílogo. Que aquel ángel, borracho como estaba, duerme y sueňa todavía. Como un hombre. Como tú.

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