PALABRAS A MIS LECTORES

YO SOY ASTARTÉ. Y AUNQUE NO HE LLEGADO DE LOS ALTARES CONSTRUIDOS A SU DIOSA POR LOS FENICIOS, LO MISMO ESTOY ENTRE VOSOTROS, EN FORMA DIGITAL, ABRIÉNDOME PASO EN LAS ESQUINAS DEL CYBER-ESPACIO, CON LA FIRME CONVICCIÓN DE PODEROS OFRECER ESTA CASA LLENA DE LUZ PROPIA... PARA VOSOTROS, QUERIDAS Y QUERIDOS LECTORES.

... ES QUE ALGÚN PAJARILLO ME HA CONTADO QUE EN ESTE IR Y VENIR POR EL UNIVERSO INFINITO ENTRAMOS Y SALIMOS (SIN DARNOS CUENTA DE ELLO) POR LOS POROS DE LAS SENSACIONES. PEDIRÍA ENTONCES, SIN DUDAS, QUE LA SATISFACCIÓN DE GOZAR LO QUE SENTIMOS NO NOS ABANDONE NUNCA Y NOS LLEVE DE LA MANO POR EL TRILLO INMENSO DEL PENSAMIENTO MÁS SENSUAL, HASTA TOCAR UNA ESTRELLA: LA NUESTRA.


OS ESPERO, PUES, CON ESTA LINTERNA QUE AHORA VEIS ENTRE MIS MANOS, PARA JUNTOS ILUMINARNOS LA ENTRADA A ESTA HUMILDE MORADA TOTALMENTE HUMANA. OS OFREZCO, MIENTRAS CAMINAMOS, UNA TAZA DE CAFÉ Y UN RAMITO DE HIERBA BUENA... TODO ESTO PARA HACER EL CAMINO MÁS LIVIANO Y LA ENTRADA PLENAMENTE TRIUNFAL.

UN ABRAZO Y... ¡ÁNIMO, CAMPEONES!... QUE SE ENFRÍA EL CAFÉ...

sábado, 23 de marzo de 2013

El cansancio.




Por Astarté.
León, España.

El cansancio, por si fuera poco, no nace en los huesos (como tampoco en el alma). El cansancio es una torre de piedras, muy alta y aparentemente inaccesible. Ni catapultas de guerra, ni garrochas, ni empinadas escaleras parecen poder impedir que su pedantería sobrepase el límite de la fuerza humana. Los papalotes, sin embargo, llegan a sobrevolar la torre del cansancio. Y lo hacen cuando los colores de esos pequeñísimos lazos que llevan en la cola se confunden con el viento, formando, en la trama de las nubes, una urdimbre de estratos. Queda entonces, en el aire, un tejido sutil desafiando al cansancio. Invitándole a morir, a pesar de y no obstante a ser una mole de piedra. Y es que, intentando escalar (en aras de potenciar su dureza), agarrado al tejido sutil, el cansancio se cansa. Y cual castillo vetusto se derrumba, piedra por piedra, quedando hecho añicos. De nada podrían servirle ni el sueño, ni el hambre, ni las piernas rotas, ni los pies hinchados, ni las llagas... Ni el cráneo ardiendo, ni las coronas de espinas, ni las oscuras mazmorras... Ni la picana, ni el grillete, ni los clavos... El cansancio, que no nace ni en el cuerpo ni en el alma, no sabe, al final, vivir por siempre en la vida y se va, un buen día, como mismo vino. Y esa es la extraña fortuna de los caminantes: el cansancio se cansa. Y en su plena inconciencia, muere.

domingo, 17 de marzo de 2013

CUANDO CAEN LAS ESTRELLAS...




Por Astarté.
León, España.

Con profunda satisfacción he visto una estrella fugaz sobrevolar mi espacio. Y al verla pasar le he pedido un deseo. Luego, la he visto “caer”, como si la gravedad fuese ley en todas partes. En fin, “caer” y “viajar”: conceptos que pueden llegar a confundirse, por aquello de que las caídas no siempre dan señales del mal o de escaleras rotas... A veces las caídas son iconos de esperas ocultas, de sueños aparentemente irrealizables. Por eso, cuando caen las estrellas, se revuelve el mayor afán de romper cortinas para abrir el cielo.

miércoles, 6 de marzo de 2013

CONFESIONES DE ASTARTÉ A SUS LECTORES:LA ESCALERA.



     Por Astarté.
     León, España.


     Como si se tratase de una misión, escalamos, sin saberlo bien, hacia un punto de energía concentrado en nuestra propia conciencia. Y en esta escalada, tiempo y espacio no garantizan habilidad de nuestra parte, sobre todo, por ser percibidos como imagen inexacta de la real estructura dimensional del universo. Es posible, pienso, que la errónea interpretación que de espacio-tiempo físicos tenemos dificulte, a veces, el poder mantenernos en equilibrio. Y también es posible que tanta ignorancia sea la razón por la cual, al volver la vista hacia los escalones que hemos ya superado, sobrevenga la sensación de un patológico vértigo, por aquello de que nada hay mejor que el pasado (pues resulta ser más real que el futuro y más seguro que el presente). En pocas palabras: vivir el presente no es cuestión de juego, pues sin llegar a comprender lo que significa “el día de hoy” soñamos el futuro y añoramos el pasado, sin recordar que el pasado no vuelve y el futuro no se anticipa, ni siquiera, en una micra del tiempo que creemos atrapar con nuestros dedos. Astarté, por su parte, en más de una ocasión se ha preguntado por qué sucede así. La vida, entonces, le responde desde su equilibrio mágico. Y le dice que ayer, hoy y mañana tuvimos, tenemos y tendremos, a nuestro paso, una cadena de binomios actuales con la posibilidad de escoger: amor-odio; dulce-amargo; coraje-miedo; blanco-negro; vida-muerte... Al final, y por motivos ligados a la condición humana (a pesar de errar una y otra vez) decidimos seguir escalando, lentamente (o no), sin mirar hacia atrás, desafiando el odio, la amargura, el miedo, la oscuridad y la muerte que nos mataría sin amor, sin dulzura, sin coraje, sin luz y sin vida que vivir. Y eso decidimos, simplemente, porque cada mañana miramos hacia el cielo. Y la inmensa tentación de tocarlo con la propia mano tiene más fuerza que la astronomía, la física y, en fin, que la sucia (rectifico, “asquerosa”) manía de contar, una a una, solamente aquellas estrellas que  vemos. No es cuestión de juego, repito. Pero contar estrellas invisibles y escalar montañas es lo mejor que quiero y puedo hacer. Que se haga, entonces, la luz ante mi mente. Que nada oscurezca mi memoria y nuble el escalón que acabo de subir, a pesar de no saberlo aún.