PALABRAS A MIS LECTORES

YO SOY ASTARTÉ. Y AUNQUE NO HE LLEGADO DE LOS ALTARES CONSTRUIDOS A SU DIOSA POR LOS FENICIOS, LO MISMO ESTOY ENTRE VOSOTROS, EN FORMA DIGITAL, ABRIÉNDOME PASO EN LAS ESQUINAS DEL CYBER-ESPACIO, CON LA FIRME CONVICCIÓN DE PODEROS OFRECER ESTA CASA LLENA DE LUZ PROPIA... PARA VOSOTROS, QUERIDAS Y QUERIDOS LECTORES.

... ES QUE ALGÚN PAJARILLO ME HA CONTADO QUE EN ESTE IR Y VENIR POR EL UNIVERSO INFINITO ENTRAMOS Y SALIMOS (SIN DARNOS CUENTA DE ELLO) POR LOS POROS DE LAS SENSACIONES. PEDIRÍA ENTONCES, SIN DUDAS, QUE LA SATISFACCIÓN DE GOZAR LO QUE SENTIMOS NO NOS ABANDONE NUNCA Y NOS LLEVE DE LA MANO POR EL TRILLO INMENSO DEL PENSAMIENTO MÁS SENSUAL, HASTA TOCAR UNA ESTRELLA: LA NUESTRA.


OS ESPERO, PUES, CON ESTA LINTERNA QUE AHORA VEIS ENTRE MIS MANOS, PARA JUNTOS ILUMINARNOS LA ENTRADA A ESTA HUMILDE MORADA TOTALMENTE HUMANA. OS OFREZCO, MIENTRAS CAMINAMOS, UNA TAZA DE CAFÉ Y UN RAMITO DE HIERBA BUENA... TODO ESTO PARA HACER EL CAMINO MÁS LIVIANO Y LA ENTRADA PLENAMENTE TRIUNFAL.

UN ABRAZO Y... ¡ÁNIMO, CAMPEONES!... QUE SE ENFRÍA EL CAFÉ...

lunes, 21 de octubre de 2013

Estas manos.



Manos al óleo (Omar Ortiz; Guadalajara, México).

Por Astarté.
León, España.


    Miro estas manos. Cuánto han crecido desde que las vi por vez primera. Para recordar cómo eran, tendría que observarlas desde la distancia de los años, inmortalizadas en viejas fotografías de mi niñez, sujetando mi menudo cuerpo en blanco y negro, cubiertas por el velo sepia del tiempo. Y aún así, al verlas prisioneras en el diminuto recuadro de un fotograma, me parecerían ajenas y no mías (por ser tan pequeñas, quizás, no lo sé). Para colmo, podría observarme toda, así como era. Y a lo mejor tampoco llegaría a reconocerme. Pero estas manos... ¡Cuánto han hecho desde el primer día!

    Maestras audaces, me han enseñado a reconocer la sutil frontera que me une y me separa de la trama universal infinita. Estas manos han sido, pues, los ojos que me dieron el primer conocimiento del mundo. Con ellas aprendí que hay un Yo y un Otro, y que identidad y diferencia me confunden y limitan con la alteridad. Así, poco a poco, estas manos me han hecho grande. Me han permitido conocer  la ternura, me han otorgado el poder de regalar caricias, como también me han instruido para calcular sin error el cariño jamás recibido. Estas manos me han sabido colocar al centro del planeta de la fantasía: mis juguetes queridos, mis dados del azar en aquellas horas de descubrimiento personal, peinando mis guedejas de sueños infantiles. Han sido, además, las mejores embajadoras de mi intelecto motriz e intelectual: bastones en mis primeros pasos, a gatas, por los rincones de mi infancia; más tarde, medios para conducir el volante de la entera vida.

     Paletas de pintor en las jerigonzas de incipientes trazos de óleo sobre un lienzo. Instrumentos perfectos, traductoras de armonía, reproductoras de sonidos y figuras han llenado de notas musicales algún pentagrama. Y así, en la danza, han sido las alas de un cisne blanco en la laguna de la melodía. Diseñadoras personales de mi caligrafía, me han dado la oportunidad de escribir y dibujar y modelar lo que mis ojos no alcanzan y mis oídos no escuchan; es decir, han trascrito aquello que tan sólo mi  imaginación crea. Y a partir de la escritura y del tacto, la escuela de las manos no ha dejado jamás que la memoria me cierre sus puertas allí, en el sitio donde pueden gobernar las sombras. Pues aún, en cuartos oscuros, estas manos han sido mi mejor guía. Gracias a ellas he podido distinguir la energía del planeta en elementos opuestos: fuego y hielo, dureza y blandura, plasticidad y rigidez... En fin, los recovecos en los cuales se esconden y enajenan los grados y escalas del amor, eso también me lo han enseñado estas manos. Y me han dado la pista para descubrir los secretos ocultos en los poros de la piel (mis propios secretos ante todo). Y luego, conociendo algo más en materia de amor y desamor, estas manos han sido el mejor enlace con mis semejantes: amistad, juegos sexuales, golpes, caricias, delirios gestuales...  Y también mímica. Porque sabiendo ser  perversas, han hablado siempre y cuando la boca ha tenido callar. Con estas manos he robado y destruido; con estas manos he donado y construido. Estas manos , las mismas que un buen día amanecerán repletas de arrugas, han recogido frutos de frondosos árboles y han sembrado innumerables semillas en el surco de mi existencia. Han moldeado el barro y han levantado castillos de piedras a mitad del camino. Y espero que, en mi último momento, con ellas pueda darle mi adiós a la Tierra. Estas manos mías: las que me han enseñado a atrapar el cielo con un puño y a dar fuerza a las mareas en la calma de una orilla cualquiera... Las mismas que encierran la luna y atrapan el sol. Hoy las miro, de nuevo, como cada mañana. Y luego te acaricio.

2 comentarios:

  1. Dicen que el rostro es el espejo del alma, pero pienso que las manos son mucho más porque abarcan todos los sentidos, hasta el sexto :)

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  2. Comparto tu opinión, Sofía. Gracias a su gran poder, las manos nos convierten en dioses, aunque también pueden convertirnos en diablos. Gracias por tu comentario.

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